sábado, 4 de marzo de 2017

Si tan solo...

Si tan solo me amaras como yo lo hago. Si besarme fuese tu delirio y no simple costumbre de sentir mis labios. Quisiera que de las nubes vieras tú, como estoy perdida y, que después que pase el tiempo… después que sople el silencio como lo hace el viento, me olvides para poder recordarte. Y no odiarme a mí misma. Si tan solo me amaras con las mismas ganas con las que suelo verte. Quizá la arena del reloj pueda detenerse, explicar mejor las cosas, gritarnos que todo ha sido un mal presagio y que siga insistiendo, qué si no hay secretos, por qué llevar versos a la tumba. Por qué fingir que va bien todo y pasar por alto esto del amor. Maldito y bendito amor. ¡Que, valla!, mata y busca perder la razón. Si tan solo buscaras podrías encontrarme, entender mejor de qué estoy hecha, aullar conmigo a la luna cuando ésta sea llena. Que es la única capaz de no decirlo, de guardar auspicio y reñir contra el mundo sin ser vista como tal. Divagar sin indagar en lo imposible de entender. Una vez me dijo que había que cuestionarse, uno mismo. Y sigo haciéndolo, sigo parada esperando una ruta que tarda en llegar, y lo sé, me gusta cavilar mientras llega a mí, caminando el destino. Si tan solo me quisieras y el deseo fuero mutuo, atrayente de cumplidos para el alma. Ambiguo al nacer la noche. Esta sed de ser amor y no sentirlo, ésta perfecta locura que me envuelve y me mantiene feliz, valdría la pena liberarla. Es que, ¿Cuándo has visto cuerdos felices, libres de pasados rotos? Si pudieras acercarte y fundirnos, créeme magia vaga, capaz de destrozarme en segundos, nos bañaríamos de sortilegio ante cada penumbra.
Si... tan solo.

-TC.






Más allá del tiempo.
FOTOGRAFÍA: TC

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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.