Y ahí estaba... recordando la esencia del viejo del pueblo, con ese aliento a páginas de libros arrumbados y muebles usados, cubiertos de polvo.
Perderte en sus ojos se parecía a leer hasta que olvidas respirar, porque la intriga y el encanto te hacen ignorar lo obvio de la vida.
Recuerdo su natural perfume, un dulce aroma a rosas marchitas a lado de un tintero, combinado con el fresco olor de la hierba mas buena de Jamaica -aún recuerdo mi viaje hacia allá.
Sigo sintiendo como entrababa en mi nariz cada vez que lograba envolver mis brazos en su torso, rígido y cálido.
¡Y esa humilde sonrisa que te hacía divagar y pensar durante horas e instantes eternos en la sabiduría de ese ya gastado cuerpo, con alma de viajero, a punto de retirase y no volver!
Caray, todavía lo siento en mi pecho, cierro los ojos y su recuerdo es nítido; tan tranquilo, meciéndose en la "Silla del Rey", su famoso trono para admirar las estrellas.
-"Solo el que tiene el poder del silencio merece sentarse en este trono". -Decía el viejo cada vez que los jóvenes de ojos rojos lo acompañaban en sus viajes de mil soles y una luna.
Creo que eso les ayudaba a olvidar por sólo unos segundos, cómo dejar de existir.
Vaya viejo, tenía espíritu y fe en todo. Él era el vivo ejemplo de un libro donde nunca fue escrito el final. El viejo del trono, aquel que olía a pasados y a cenizas y sólo en tiempos de lluvia, a café.
-TC
![]() |
| La visión del pasado. FOTOGRAFÍA: TC |
