jueves, 2 de febrero de 2017

El viejo...

Y ahí estaba... recordando la esencia del viejo del pueblo, con ese aliento a páginas de libros arrumbados y muebles usados, cubiertos de polvo.
Perderte en sus ojos se parecía a leer hasta que olvidas respirar, porque la intriga y el encanto te hacen ignorar lo obvio de la vida.
Recuerdo su natural perfume, un dulce aroma a rosas marchitas a lado de un tintero, combinado con el fresco olor de la hierba mas buena de Jamaica  -aún recuerdo mi viaje hacia allá.
Sigo sintiendo como entrababa en mi nariz cada vez que lograba envolver mis brazos en su torso, rígido y cálido.
¡Y esa humilde sonrisa que te hacía divagar y pensar durante horas e instantes eternos en la sabiduría de ese ya gastado cuerpo, con alma de viajero, a punto de retirase y no volver!
Caray, todavía lo siento en mi pecho,  cierro los ojos y su recuerdo es nítido; tan tranquilo, meciéndose en la "Silla del Rey", su famoso trono para admirar las estrellas.
-"Solo el que tiene el poder del silencio merece sentarse en este trono". -Decía el viejo cada vez que los jóvenes de ojos rojos lo acompañaban en sus viajes de mil soles y una luna.
Creo que eso les ayudaba a olvidar por sólo unos segundos, cómo dejar de existir.


Vaya viejo, tenía espíritu y fe en todo. Él era el vivo ejemplo de un libro donde nunca fue escrito el final. El viejo del trono, aquel que olía a pasados y a cenizas y sólo en tiempos de lluvia, a café.

-TC


La visión del pasado.
FOTOGRAFÍA: TC

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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.