lunes, 17 de septiembre de 2018

Un pensamiento de alguien que escribe con el alma...

Un escritor necesita drama, necesita viajar con las palabras, gritar a los cuatro vientos, hablar solo, llorar, querer matarse sabiendo que no pasara porque nunca dejará de amar tanto la vida, necesita sentir que la vida igual lo ama, y lo odia, porque sabemos que del odio y del amor nacieron las mejores historias. Y podemos ser una,nos gusta serlo.
Un escritor necesita satisfacer a los sentidos, no todos los caminos llevan a casa, hay que cantar con los árboles y obligar a el alma a que de vez en cuando se debe callar, reprimir y odiarnos a nosotros mismos... y seguir escribiendo.
Necesitamos prejuicios mundanos, leyendas, personalidades versátiles y sacrificios textuales, quizá vino, hierba y delirios ajenos, incluso mas vino si la ocasión lo ruega, porque sabemos hablar con el momento y desgraciadamente, no olvidamos el pasado, es que cada vez que uno recuerda, un nuevo comienzo y nuevo final llenan la mente. Vaya que ser escritor no es nada fácil ni difícil.

-TC.

Parece fácil, no lo es.
FOTOGRAFÍA: TC


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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.