domingo, 4 de noviembre de 2018

Una noche en la playa...

Es una pregunta con una respuesta sin fin. Podría comenzar por simples cosas y luego pasar a los detalles con los que me enamoraste. No conservo tu presencia y es la que mas me gustaría tener. Pero creo que todo marcha en claro, tu has tomado tu camino y yo sigo caminando, como cuando nos conocimos, un humilde forastero tocando guitarra y yo solo mirando las nubes, queriendo perderme en ellas, hasta que te vi.


Conservo tu olor, tu tacto y sin duda el sabor de aquellos besos que nos llevaban a varios mundos, entre sabanas y roces. Aún recuerdo la última vez que te vi, otra vez eras tú, queriendo volar y no temerle al placer de sentirte vivo, de lo que tanto hablábamos con la luna.
Pero nosotros somos aquellos que se aman sin estar juntos, sin besos, sin miradas. Simplemente a recuerdos.

Una noche en la playa.

-TC.


Un horizonte infinito.
FOTOGRAFÍA: TC

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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.