domingo, 9 de junio de 2019

Cómo será su caminar...

Hablemos de su caminado, Por su puesto.
Cada paso que daba le tomaba al menos cinco segundos. Transitaba profesando que el tiempo era otro invento para tener algo más de que depender.

-Saber la hora es deprimente, solo te estás atando a la vida y haces mal querido ignorante, ¡hay que vivir! y vivir es liberarte de la vida con el proceso de la muerte, tenemos el don de la muerte, mueres para vivir, no vives para morir. Saber la hora solo te hace prisionero, deberías mejor preguntarte por qué estás aquí, para qué vives, cuál es tu maldito propósito o si quiera, interesarte por el mundo en realidad. En vez de saber la hora y continuar la rutina, pero veo que dependes de ella desde el día en que naciste. ¡Joder tío! ¿Cuándo empezarás a ser libre?
-Comentó el chico de la esquina, en ese entonces. Un solitario perdido tratando de encontrarse.

El joven tenía ideologías difíciles de entender. Y me quedó claro ese mismo día, cuando sentados en un bar de segunda, donde sirven tarros y no vasos, alguien preguntó en voz alta y en tono apresurado, si ya era demasiado tarde.
¡Grave error de aquel sujeto al indagar en el concepto de perspectiva! Un día de luna llena y con ese extraño defensor de libertad temporal a su lado.

Pero eso fue hace demasiados ayeres, cuando estudiar era algo común y no nos preocupábamos por envejecer, creíamos ser eternos o que la muerte se tardaría en visitarnos.
Recuerdo llegar a casa, abrir la puerta, dejar la mochila y tener otro concepto diferente del tiempo, de la vida, quizá de mi.

Me pregunto, cómo será su caminado ahora.

-TC



Viajemos para conocernos mejor.
FOTOGRAFÍA: EM




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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.