jueves, 20 de agosto de 2026

Una totalidad, por fin..

Recuerdo la sensación de la luz a travesando cristales, en tonos cafés y amarillos, simulando el pasado en el ahora, ráfagas cálidas que convierten al pensamiento en sepia, y un "tic tac" de fondo activando el pulso, el corazón bombeando con ritmo; las neuronas creando conexiones rápidas para asimilar el momento. Esos tonos de fotografía ya estaban escribiendo historias y uno a penas despertando, satisfecho de placer por "estar" y ver. Solo ver. 
Claro que recuerdo como el sol iluminaba por intervalos la alfombra, y al polvo -que uno suele pensarlo desagradable- posicionándose, dejándose ver; siendo contemplando como diminutamente, se suspende y baila en el aire, desaparece y vuelve. 
No estamos preparados para ser cautivados por algo tan simple. 
No estamos preparados para ser amados así sin exigir presencia.
No estamos preparados para ser elegidos sin lucro.

Quisiera a travesar el cristal y volverme fotones, ciencia y filosofía. Una totalidad por fin. 

-T.C.



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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.