sábado, 19 de enero de 2019

Déjate llevar...

¿Y si solo caminas, hermano? ¿Por qué no dejas de preguntar a dónde vamos y prendes un poco de esa verde inspiración?, ya llegó el momento.
No tapes tus ojos. Admira el paisaje, el horizonte y esas nubes que  solo van de pasada, porque su viaje sigue en pie. Tal vez, deberías aprender de ellas, que siguen y no cuestionan a la vida. No cierres las manos, mejor extiéndelas, que el viento sople fuerte y baile entre tus dedos, hermano.
Vamos, déjate llevar.

-TC.



Foto: Anon.

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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.