jueves, 2 de octubre de 2025

Mi maldita voluntad de estar en todo…

Mi cuerpo presenta alteraciones controladas, si bien intento recibirlas con madurez, no está funcionando, las vibraciones de mis células causan ondas que viajan lejos chocando con gente a mi alrededor que las percibe, pero nada de eso me importa; si mi respuesta es cortés y mis ademanes coinciden, la congruencia de mi lenguaje es lo que debe convenir, no las vibras; que en un entorno laboral se vuelve un tema categóricamente "superficial o subjetivo", es decir, no es relevante como para incomodarse.

Sostuve ideas mientras daban un discurso en dos idiomas, mi mente intentaba dividirse para comprender perspectivas ajenas, para aceptar la idea equivoca de lo que vieron. No encontré razón justificable para sus actos, para sus palabras, para esto que hacían.

Mi cuerpo seguía calentándose y la mente, que suele jugar en contra de uno mismo, esta vez me ayudó a ser consciente de los gestos que podrían delatarme; logré mantener la calma y neutralidad, a pesar de las ondas viajando por todo el espacio, alterando quizá la energía o los pensamientos en los demás.

Estoy seca, el nudo en la garganta no se va, pero puedo hablar sin que la voz se me quiebre. No me quedan ganas de ayudar demás, "ir dos pasos adelante" como antes. No quiero sumergirme en responsabilidades que no me tocan por iniciativa propia; mi maldita voluntad de estar en todo. Debo soltarla ya.


-TC.

Foto: Ememoncas


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Y lo mío siempre fue poder ver como el sol se metía después de un largo día, tras las montañas, mientras yo estaba en alguno de los muchos cerros, descansando en la cima y tocando guitarra, sin esperar más que al tiempo. O, el simple momento, cuando caminando y sin saberlo bien, me daba cuenta que el único ruido que no ignoraba, eran mis pies chocando con la tierra y tal vez... el viento golpeando mi cara. Fui hecha para ver amanecer cada mañana, desde la playa, acostada en la arena, disfrutando el frío que poco a poco desaparecía y los deseos por hundirme un rato en el mar. Definitivamente lo mío fue estar sola, leyendo un libro o fumando un porro, discretos y engañosos. Cantar un blues cegador y sentirme bien cada vez que los pájaros me hacían coro. Caminar de noche sintiéndome diferente a lo que en el día soy. Lo mío era ser tanto y mucho. Solía despertar creyendo que volar era algo normal, pensaba que el principal propósito de la vida, era respirar y seguir.